La
gente tenia miedo a cruzar.
Los
primeros dias no se tuvo muy en cuenta. Creiamos que era un nuevo
mito, algo irreal. Pero cuando el primer conductor passó por encima
de un chaval que corria persiguiendo a su perro (un cax burel
marrón de ciento trenta y dos meses), no passó nada. El conductor
paró y el mundo restó unos segundos en silencio, sin saber que
hacer, al rato encendió de nuevo el motor y siguió, sin
consecuencias de ningun tipo. Nadie retiró nunca el cuerpo. Sus
padres hicieron un funeral simbolico a los pocos dias y ya.
La
carroña no tardó en acumular-se. Lo que empezaron siendo accidentes
se convirtieron en acciónes premeditadas poco a poco. El paso de
zebra era un pàramo de la calle sin ley. Se atracaba a la luz del
sol, se pasaba droga delante de las autoridades y se robaba,
apuñalaba y violaba con las aceras llenas de gente, en hora punta.
Se amontonaban cadàveres sobre las rayas blancas hasta que los
coches los apartaban al pasar y el ayuntamiento procedia después a
agruparlos e incinerar-los, etiquetados de “material desconocido”.
La
gente aprendió a evitarlos a cualquir coste. Los coches pasaban como
balas por ellos por miedo a permanecer el tiempo justo de sufrir la
desgracia. Los peatones llegaron a hacer uso del acantarillado,
primero para ir de una calle a otra, y más tarde para transitar
siempre. No quedaba gente en la superficie. No quedaban ni guardias
para regular el trafico. El miedo se apoderaba de todos por igual.
Se
instaló la ley salvaje en la carretera. Los coches que aun se
atrevian a circular se enfrentaban cada dia al peligro de la jungla.
No habia dias sin victimas.
Amanecia
el fin del mundo.
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